De cuerpos y canchas. Jugar a la pelota en México

Desde un estadio, la escuela o la calle en las ciudades, hasta un espacio llano en el campo, la playa o una chinampa, cualquier lugar se convierte en cancha. Por tierra, agua, aire y hasta envuelta en fuego, una pelota es capaz de viajar por los cuatro elementos. Y sin importar su sexo, género, edad, constitución física o condición económica, toda persona puede hacer que un balón se mueva. Por eso jugar a la pelota es una práctica universal y la vez tan diversa.

Esta exposición no es un recorrido por la geografía y la historia de todos los juegos de pelota en México, sino por el cuerpo humano y los múltiples modos en que lo usamos para mantener ese otro cuerpo, que es esférico, en movimiento. Porque es a partir de la forma de movernos que determinamos las reglas del juego, establecemos el número de participantes, nos vestimos con determinado uniforme o delimitamos el espacio.

Frente al futbol como espectáculo que desata la pasión de millones pero donde intervienen sólo jugadores estrella, aquí el balón se devuelve a la cancha del ciudadano común, del ciudadano de a pie, en estos juegos que al mismo tiempo son deporte y ritual y que forman parte innegable de la cultura popular mexicana.

El futbol: jugar con los pies.

A diferencia de la mayoría de los juegos de pelota, que se practican con la parte superior del cuerpo, asociada con el intelecto y la razón —la cultura—, el futbol utiliza predominantemente nuestra parte inferior, asociada con lo pulsional y lo irracional —la naturaleza. Este aspecto simbólico excepcional, la oposición entre cultura y naturaleza, explica el impacto emocional del fut: correr y patear el balón con los pies, la parte del cuerpo más difícil de controlar, es una celebración de nuestro dominio de la naturaleza.

Viajar por la tierra.

Por eso la tierra es el elemento por el que se mueve balón de fútbol: aunque pueda elevarse por los aires, siempre vuelve a rodar por el terreno de juego. Para ello se adapta a nuestros pies, naturalmente también conectados con la tierra y signo del bipedismo que nos distingue como especie: con una circunferencia de 68 a 70 cm y un peso no mayor a los 450 g, la pelota permite un equilibrio con la fuerza de nuestras extremidades para lograr tiros precisos y potentes.

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El ulama: jugar con la cadera.

Tradicionalmente jugado en Sinaloa, existen tres variantes del ulama: golpear la pelota con un mazo de madera, con el antebrazo o con la cadera. Esta última se ha vuelto la más conocida y extendida en el país y nos refiere la parte media de nuestro cuerpo. En ella se localizan los organos sexuales, lo que le da a este juego una particular connotación erótica a los movimientos, pero también de mantenimiento de la vida en su combate ante la muerte y de reproducción del orden cósmico.

Viajar por el aire.

El aire es el elemento de la pelota utilizada en el ulama (del náhuatl ullamaliztli, sangre del árbol de hule): a diferencia del futbol, ésta sólo puede tocar el suelo una vez cuando se desplaza de un lado al otro del taste o cancha. Pero lograrlo no es fácil: la pelota de caucho o hule utilizada en el ulama puede pesar hasta cuatro kg y golpearla con la cadera implica una gran fuerza y libertad de movimiento. De allí que el uniforme consista en un sencillo braguero reforzado por una faja y un chimale o cinturón de grueso cuero para reforzar la cintura del jugador.

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Pelota mixteca: jugar con las manos.

El juego de pelota mixteca se juega con la mitad superior del cuerpo, nuestra parte racional, civilizada, pensante. Más específicamente, se utilizan las manos, que aluden a nuestra capacidad de fabricar herramientas y objetos y, por ende, a nuestra evolución como especie. Originario de Oaxaca, este juego se ha diseminado con la migración misma de los mixtecos, desde Guerrero, Puebla y la Ciudad de México hasta California en los Estados Unidos.

Moverse de rebote.

Aquí también la pelota viaja por aire entre un equipo y otro con un rebote permitido. Para ello se utiliza una pelota ligera de hule, de 15 cm de diámetro y 500 g de peso, Pero si en el ulama el peso está en la pelota, en el juego mixteco se encuentra en las manoplas: elaboradas con capas de piel y clavos de gota, su peso va de los 3 a los 6 kg. Otras variantes emplean pelotas de esponja y tablas de madera a manera de manoplas, o pelotas recubiertas de gamuza golpeadas con vendas en las manos.

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Pelota purépecha: jugar con extensiones.

Oriundo de Michoacán, la pelota purépecha utiliza un bastón de madera curvo, similar al del hockey. Este instrumento opera como extensión corporal que implica una maestría y un dominio más precisos para poner la pelota en juego. Se cree que originalmente consistía en el traslado de la pelota de una comunidad a otra, pero actualmente se juega en una cancha o en las calles de los poblados alrededor de una manzana, en donde cada equipo trata de completar una vuelta golpeando la pelota.

Envolverse en fuego.

Según la variante del juego, las pelotas pueden ser de piedra volcánica, trapo envuelto con mecate o madera de colorín, siendo esta última la expresión más sublime del carácter simbólico de la pelota como un astro: aquí la pelota se incendia, se vuelve fuego, se convierte en el sol.

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La eterna promesa de ganar.

La relación del ser humano con la pelota puede ser de carácter ritual, deportivo o lúdico, pero en todos los casos es un acto que se puede repetir al infinito. Como ritual permite restablecer un equilibrio o un orden. Como deporte, alimenta una cultura física asociada a la salud y el bienestar. Como juego, si un día perdemos, siempre habrá otro día en que podamos ganar.

A través de la relación con la pelota también se puede recuperar, restablecer o ganar la libertad. Esta exposición con balones provenientes de centros de readaptación social, que no se han terminado de fabricar ni han sido estrenados. Sobre estas cubiertas extendidas, personas privadas de su libertad han dejado inscritas sus emociones y sus historias sobre el futbol como símbolo de liberación.

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Cuando la pelota se detiene

Al acabar el juego, el balón se detiene. Pero, en realidad, el juego de pelota no sólo ocurre mientras jugamos, también produce un intercambio de impresiones que dejan su huella tanto en el cuerpo como en la pelota. En el cuerpo quedan impresas las emociones, los golpes, los recuerdos y las heridas. Pero la pelota también recibe las marcas del cuerpo y se deforma, se ensucia, se desinfla, se desgasta o se rompe.

La obra de Eulene Franzcelia nos recuerda este intercambio. En lugar de desechar el balón jugado, ella los rescata y resignifica al convertirlos en esculturas que delatan las marcas de su interacción con los cuerpos, mientras que en su obra gráfica imprime las huellas del balón sobre el papel, como forma de fijar y registrar su propia historia.

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Agradecemos a:

Una respuesta a “De cuerpos y canchas. Jugar a la pelota en México”

  1. Avatar de Trinidad Ortiz
    Trinidad Ortiz

    Excelente diseño, espero el fin de semana para ya poder verla en vivo. Felicidades al Administrador y al equipo.

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